Cinescopio: Todo sobre cine ***

 

miércoles, febrero 18, 2009

La comodidad acaba con los cines

La comodidad casera y la pereza están acabando con el cine. Lo dicen cada dos por tres los informes publicados sobre asistencia de espectadores en España. Y es lamentable que esto pase, precisamente, cuando las salas de proyección disponen de unos medios técnicos impresionantes y unas butacas de ensueño. Sin embargo, salvo los fines de semana, no hay manera de que se vean colas ante las taquillas. Al contrario, cuando te aventuras un martes o un jueves, casi te da miedo entrar en la sala. Y al mirar el vacío existente hasta dudas de que vayan a poner la película. El miércoles, por aquello del día del espectador, quizás vaya alguien más, pero tampoco se nota especialmente.

La crisis económica aprieta, pero hasta cierto punto, pues no creo que ir al cine una vez a la semana desequilibre un presupuesto familiar o personal. Me inclino más por la comodidad del sillón y el telemando.

Es evidente que no es igual disfrutar de una película en una sala dotada de los últimos adelantos técnicos de visión y sonido, que estar en tu casa frente al televisor, sea grande, mediano o pequeño. Ocurre algo parecido al fútbol o al baloncesto, donde el escenario es fundamental.

Puede que haya cierta subjetividad, pero no creo que se sienta la misma emoción con la carrera de cuádrigas entre Ben-Hur y Messala vista en la tele o en el cine. O con Hitchcock y sus magistrales momentos de terror y suspense (Psicosis, Los pájaros, Con la muerte en los talones o Vértigo). Y actualmente, con las persecuciones y caídas de Indiana Jones o las extravagancias del capitán Jack Sparrow en Piratas del Caribe.

Por eso, a mi juicio, lo del cine en casa es un sucedáneo, que, obviamente, puede cumplir su función de entretenimiento, pero que no se puede comparar con las nuevas tecnologías cinematográficas, gracias a las que el cine auténtico alcanza unas cotas de espectacularidad dignas de mayor reconocimiento.

Ya hubiésemos querido los de mi generación y otras venideras, en los años 50 y 60, disfrutar de la mitad de los medios técnicos actuales, cuando acudíamos al cine ávidos de conocimientos, previamente censurados. A pesar de ello, los cines fueron durante mucho tiempo la fuente de cultura más accesible para millones de españoles.

Después, con la lenta e imparable caída del franquismo, la censura fue relajándose y aparecieron los denominados cines de arte y ensayo, donde se podían ver películas comprometidas, fuertes o, sencillamente, desaconsejadas para la sociedad bienpensante. Ya en aquellos años, la Universidad era un hervidero de cines forum. En la Complutense madrileña, los colegios mayores competían para ganarse el favor de los universitarios, que llenaban los salones de actos para ver lo último de Truffaut(Los cuatrocientos golpes),Godard(Al final de la escapada),Fellini(Amarcord), Buñuel (Viridiana), y, por supuesto, del ruso Eisenstein(El acorazado Potemkin).

La historia del Cine, con mayúsculas, va estrechamente unida a la sociedad. Y las películas, con mayor o menor acierto, han reflejado los cambios registrados en las comunidades. Otra cuestión es la calidad, manifiestamente mejorable, del cine actual, que, posiblemente, también influya en la bajada de espectadores.

No obstante, tampoco creo que sea ésta la razón principal. Reitero lo apuntado al comienzo de este comentario: nos estamos volviendo muy comodones y nos aferramos, cada vez más, a la ley del mínimo esfuerzo. Ya dijo un excelente secundario del cine español que «como fuera de casa no se está en ninguna parte». Apliquémonos el cuento, aunque sea de vez en cuando.

http://www.laverdad.es/

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