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La esperada película de Christopher Nolan, con un destacado papel de Leo DiCaprio, es densa y compleja, como reconoce su protagonista. Es sobre un grupo de expertos que logran meterse en los sueños de otras personas y así manipularlos. El largometraje tuvo un gran arranque de taquilla en EE.UU.
PorJavier Firpo
“Al principio no entendí el guión, pero creo que eso es un atractivo. A veces hay que abandonar el deseo de entenderlo todo”.
La frase pertenece a Leonardo DiCaprio y resulta la punta del ovillo para empezar a ¿no entender? “El origen”, la esperada película de Christopher Nolan, que llega hoy a la cartelera porteña.
Seguramente se trata del film más llamativo y complejo del año, y generará debates, polémicas e intercambio de posiciones en foros y blogs, como ya empezó a suceder.
Como ocurre con algunos “cucos” de Hollywood, desde hace unas semanas la expectativa por este film creció como una inmensa bola que la convirtió en un suceso, aún antes de estrenarse. El riesgo es que la película en sí resulte proporcional a lo “promocionado” en la previa.
La dupla Nolan-DiCaprio, de antemano, es de esas fórmulas que, sin antecedentes en común, vende todos los boletos. El actor, cada vez más sólido y convincente, atraviesa, a los 35 años, una etapa de elecciones oscuras, inquietantes e iniciáticas: después de la lúgubre “La isla siniestra”, de Martin Scorsese, aquí hace su debut en una trama de ciencia ficción. Mientras que Nolan es, a los 40, un realizador que apuesta a lo supremo, no se anda con chiquitas. Con un puñado de films (“Memento”, “Noches blancas” y “Batman, el caballero oscuro”), se hizo un lugar importante en la elite del cine y, para “El origen”, contó con el espaldarazo de Warner, que invirtió nada menos que 180 millones de dólares, casi recuperados sólo en los EE.UU.
Este preámbulo quizás sirva para entrar en calor y desmenuzar “El origen”, inclasificable e incalificable -para quien esto escribe-, que tiene sus atractivos, sobre todo en la cuestión visual, una verdadera tormenta de impactantes imágenes. Como aquellas que desafían a la ley de la gravedad, mostrando una París “doblada”. O esa otra en la que los personajes caminan por las paredes. Apabullante.
Si hubiese que buscarle una definición “de diccionario”, se diría que “Inception” (su título original) vive en una realidad onírica. Se traslada a un mundo donde se puede entrar a los sueños de los otros. Cobb (DiCaprio) es un ejecutivo que de forma ilegal se filtra en la mente de las personas para manipular información. Cobb está al frente de un equipo de traficantes de sueños, especialistas en extraer e imponer ideas para así cambiar el pensamiento.
El tema es que Nolan se empalagó de su genio creativo y se suceden pasajes que invitan a la confusión: “¿es el sueño o la realidad?”, era la pregunta que se repitió media docena de veces durante la proyección de prensa. “El origen” tiene la virtud de obligar a replantearse, analizarla una vez terminada… no se la olvida fácilmente, para bien o para mal. Pero casi como que exige una segunda visión para repasar un montón de dudas al cabo de los 148 minutos de duración.
Seduce el eje de la historia, claro: quién no desearía introducirse en la cabeza de otro y poder hacer cualquier modificación. Los sueños y su mundo despiertan fascinación, como le pasó a DiCaprio, quien aceptó este enorme desafío y hasta tuvo que leer a Freud para comprender un poco más a su personaje.
¿Se recomienda ver “El origen”? Siempre vale la pena tener la propia opinión sobre una película “blockbuster”, que promueve admiración y decepción, que fascina, abruma y agota por partes iguales. DiCaprio es siempre un punto de interés, lo mismo que las ascendentes Marion Cotillard y Ellen Page, y se insiste en la catarata visual, que la hace impresionante. Una historia de sueños que causa insomnio.
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